El calendario de las barriadas populares del Conurbano sur volvió a marcar una fecha teñida por el dolor de la impunidad y la ausencia. Se cumplen exactamente 9 años del brutal femicidio de Ana Estefanía Romero, la querida maestra jardinera de 29 años que fue asesinada en la localidad de Ingeniero Budge por su expareja, el oficial de policía Edgardo Patricio Queirolo, quien tras ejecutar el ataque civil se suicidó. A casi una década del hecho, su entorno familiar continúa visibilizando el caso para exigir responsabilidades institucionales.
El trágico episodio ocurrió la noche del domingo 11 de junio de 2017. Ana se había retirado de un festejo familiar para dirigirse a la vivienda de su madre, ubicada sobre la calle Necol, entre Montiel y Guaminí. Allí debía encontrarse con Queirolo —de quien se había separado ocho meses atrás— debido a que el sujeto tenía que restituirle a la hija de ambos, una pequeña de tan solo 6 años.
A los pocos minutos de recibir a la menor, se inició una fuerte discusión en la vereda. La charla escaló rápidamente en violencia hasta que Queirolo, quien prestaba servicio activo como oficial de la Policía de la Ciudad, extrajo su arma reglamentaria provista por el Estado, le efectuó un disparo certero en la cabeza a la joven madre y luego se descerrajó un tiro a sí mismo ante la mirada horrorizada de los parientes presentes. Ana fue trasladada de urgencia a la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Villa Fiorito, donde ingresó sin signos vitales. El agresor, en tanto, fue derivado al Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora y luego al Hospital Policial Churruca, donde falleció días después.
El vacío de un expediente cerrado sin justicia
En los tribunales de Lomas de Zamora, la causa penal —que recayó en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N.º 2— quedó caratulada inicialmente como femicidio y tentativa de suicidio. Sin embargo, a pesar de tomarse las primeras declaraciones testimoniales de rigor, el expediente fue archivado de forma exprés a raíz de la muerte material del asesino. Esto dejó a la familia de la docente sumida en una profunda sensación de impotencia legal y con la dura tarea de contener a la niña, hoy ya adolescente, quien quedó bajo la tutela de su tía Norma.
A pesar del cierre de la vía criminal, la batalla judicial de los Romero continúa por otros carriles. Según pudo averiguar el diario La Unión, la familia le inició un juicio civil al Estado y a la fuerza policial porteña, debido a que Queirolo poseía antecedentes reiterados de violencia de género con una pareja anterior y con varias de sus compañeras de fuerza, conductas que no impidieron que portara un arma letal. Al momento de perpetrar el crimen, el femicida ostentaba el rango de cabo en las filas de la Comisaría 38 del barrio porteño de Flores.
Quién era la docente de Santa Catalina
Ana Estefanía Romero tenía una vida plena de proyectos y sueños truncados por la violencia machista, entre los cuales anhelaba celebrar los futuros 15 años de su pequeña hija. En el plano profesional, se desempeñaba como maestra en las aulas del Jardín Municipal N.º 19 de la localidad de Santa Catalina. Sus colegas y familiares la recuerdan como una persona sumamente simpática, de gran corazón y una docente de excelencia que se preocupaba de forma constante por el bienestar de sus alumnos.
«Cariñosa, divertida, le gustaba bailar zumba con sus hermanas y sobrina. Era y es amada por todos los que la conocieron», rememoró con profunda emoción su hermana Norma durante el pasado mes de enero, fecha en la que Ana hubiera cumplido sus 38 años de edad.
Como parte de los ejercicios colectivos para combatir el olvido en la zona sur, en junio de 2021 y bajo el pulso del movimiento Ni Una Menos, la comunidad educativa impulsó un emotivo homenaje plasmando un mural con su rostro en las paredes del jardín de Santa Catalina adonde dictaba clases. En la obra pictórica se observa la figura de una mujer elevando una bandera con una consigna que sigue resonando con fuerza en las calles de Lomas de Zamora: “Vivas y libres”.

