A medida que decantan los detalles del brutal femicidio de Noelia Carolina Rivero (30), perpetrado el pasado sábado en la localidad de Temperley, el entorno íntimo de la víctima comenzó a desnudarse el infierno sistemático al que era sometida por el agresor. En una desgarradora reconstrucción del vínculo, la familia de la joven apuntó directamente contra el único detenido, Tomás Adrián Núñez, a quien describieron de forma tajante: “Era violento, posesivo y la tenía amenazada”.
En diálogo con los medios de prensa, Diego, hermano de la joven, expuso minuciosamente cómo se gestó una relación que escaló de forma acelerada desde el control psicológico hasta la agresión física y el cautiverio final en la vivienda de la calle Lavalle al 1700, en el partido de Lomas de Zamora.
Una convivencia forzada por la violencia y destrozos
De acuerdo con el testimonio de la familia, el noviazgo había comenzado hacía apenas seis meses. En aquel entonces, Noelia mantenía su independencia económica y alquilaba un departamento en la localidad de Monte Grande. Sin embargo, el temperamento de Núñez no tardó en manifestarse. Tras una serie de escenas de celos, el hombre irrumpió en dicha propiedad y se la destrozó por completo.
Posteriormente a ese gravísimo incidente, y bajo el falso pretexto de brindarle cuidado, Núñez le propuso que se mudara a su domicilio en Temperley. Coaccionada por la situación, ella accedió y comenzaron a convivir hace tres meses. No obstante, la escalada violenta no cesó, lo que llevó a Noelia a intentar disolver la pareja y abandonar la finca un mes antes del desenlace fatal.
Vigilancia extrema: “Nos enteramos de que la manipulaba, que la controlaba todo el tiempo”, relató Diego. Detalló que el imputado le enviaba mensajes de forma ininterrumpida, le configuraba alarmas en el teléfono para obligarla a reportarse y le exigía videollamadas constantes para comprobar dónde y con quién estaba. “Era una tortura”, describió.
El escape frustrado y las amenazas de muerte a la familia
Los niveles de terror eran tales que, pocos días antes del femicidio, Noelia había logrado escapar corriendo de la propiedad sin su teléfono celular. Logró refugiarse momentáneamente en un almacén del barrio, desde donde pidió prestado un teléfono para llamar a una amiga. Esta última la pasó a buscar y la resguardó en la vivienda de su madre. En ese momento, según su hermano, la joven «estaba aterrada, no estaba enamorada».
Pese al distanciamiento, Núñez logró reinstaurar el círculo de sumisión mediante el chantaje económico y las amenazas de muerte hacia el círculo íntimo de la víctima. El agresor tenía acceso total a las cuentas bancarias de Noelia y le advertía explícitamente que si no regresaba, asesinaría a su madre o a su abuela. “Por eso ella volvía a verlo pese al miedo: ella quería protegernos”, explicó Diego con crudeza.
«Prácticamente no nos dieron bola»: una denuncia rebotada por la Policía
Uno de los puntos más graves expuestos por la familia radica en los intentos truncados por judicializar la situación antes de que fuera tarde. Según denunció el joven, acudieron de urgencia a la Comisaría de Llavallol para radicar la denuncia por violencia de género y amenazas.
Sin embargo, las autoridades de la seccional se negaron a atenderlos con celeridad: “Justo hubo un incendio grande, la policía estaba ocupada, nos dijeron que teníamos que esperar tres o cuatro horas para tomarnos declaración. Prácticamente no nos dieron bola”, fustigó el hermano de la víctima, sentenciando de forma contundente: “Si nos hubieran tomado la denuncia, ella estaría con nosotros”.
Asimismo, criticaron severamente las dilaciones operativas durante la tarde del sábado, asegurando que los primeros patrulleros que llegaron al lugar tras el llamado al 911 de Noelia tardaron dos horas en ingresar al inmueble, logrando franquear los accesos recién cuando un familiar que reside en la parte trasera les facilitó una copia de la llave, momento en que la joven ya había sido herida de muerte en el pecho y la espalda con un cuchillo de cocina.
Despedida de sus compañeros de trabajo
Respecto al estado de salud y la situación procesal del femicida, quien se autolesionó en las muñecas y el cuello tras cometer el asesinato, la familia desestimó cualquier intento de inimputabilidad: “Está lúcido y sabe bien lo que hizo. No se lastimó en un lugar mortal, lo hizo a propósito”.
Mientras el expediente avanza bajo la carátula de «Homicidio agravado por el vínculo en contexto de violencia de género (Femicidio)» en los tribunales de Lomas de Zamora y la familia define la representación legal que asumirá la querella, los restos de la joven fueron despedidos en una emotiva ceremonia. Cabe destacar que los propios compañeros de trabajo de Noelia se hicieron cargo de los costos del velorio; la víctima tenía 30 años y se desempeñaba con éxito como gerenta en una sucursal de una reconocida cadena de comidas rápidas en la localidad de Canning. “Era una persona de familia, muy amorosa”, la recordó finalmente su hermano.

