El Tribunal en lo Criminal N.º 1 de Quilmes condenó a 30 años de prisión a Sebastián Ariel Figueroa (40), hallado culpable de una zaga de brutales ataques sexuales y robos cometidos entre los años 2010 y 2013 en distintos cuadrantes de la zona sur.
La exhaustiva investigación judicial comprobó que Figueroa atacó de manera metódica a cuatro víctimas, entre las que se encontraban una menor de 13 años y otra de 15 que presentaba una discapacidad intelectual, además de dos jóvenes adultas.
El primero de los hechos acreditados en el expediente ocurrió en julio de 2010, cuando interceptó a una joven de 18 años que caminaba hacia su trabajo. Bajo amenazas con un arma blanca, la obligó a trasladarse hasta las inmediaciones de la Escuela N.º 85, donde la sometió físicamente y le robó sus pertenencias. El ataque le provocó secuelas traumáticas de largo plazo que la obligaron a dejar su empleo e iniciar asistencia psiquiátrica.
El segundo episodio se registró a fines de enero de 2012. La víctima, una adolescente de 15 años con discapacidad, fue abordada tras salir de la casa de una amiga y trasladada mediante engaños en moto hacia un descampado, donde fue golpeada, abusada y abandonada en estado de shock.
En abril de 2013, el agresor atacó a una escolar de 13 años. Mediante el uso de un arma de fuego, la condujo a un terreno baldío, la obligó a desnudarse, la sometió y le sustrajo el teléfono celular. Las secuelas psicológicas y el miedo persistente llevaron a la menor a perder el año escolar.
El último caso documentado ocurrió en diciembre de 2013, cuando abordó a una joven de 18 años que se dirigía a realizar compras. Utilizando la misma modalidad y mediante el uso de un arma blanca, la arrastró hasta un sector descampado para consumar el abuso y robarle sus pertenencias.
Pruebas genéticas y el veredicto de los jueces
El desarrollo del debate oral contó con la fundamentación de la fiscal de juicio María de los Ángeles Attarian Mena, quien durante la etapa de alegatos había solicitado formalmente una condena de 45 años de cárcel, remarca la gravedad institucional de los hechos.
Certeza científica: El Tribunal valoró la persistencia y coherencia de los testimonios de las víctimas, complementados por informes médicos y pericias psicológicas. La prueba determinante radicó en los cotejos de ADN, que establecieron una coincidencia genética plena e indubitable entre el perfil de Figueroa y los rastros recolectados en los distintos escenarios.
Durante la audiencia de cierre, el imputado hizo uso de sus últimas palabras para pedir perdón a las víctimas y a sus familiares. Finalmente, el tribunal integrado por los jueces Fernando Ernesto Celesia, María Cecilia Maffei y Analía Verónica Reyes resolvió de forma unánime dictar la pena de 30 años de prisión de cumplimiento efectivo.
Asimismo, la resolución judicial dispuso la obligatoria inscripción del perfil genético de Sebastián Ariel Figueroa en el registro nacional y provincial de condenados por delitos contra la integridad sexual.

